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Si no sabéis cuestiones básicas sobre finanzas aquí tenéis una oportunidad ideal para ir aprendiendo. En este artículo hablaremos sobre el riesgo financiero, por qué es importante controlarlo y, también, sobre algunos métodos para hacerlo. Controlar el riego financiero no deja de ser uno de los objetivos de los Quants, los expertos en Finanzas Cuantitativas. ¡Descúbrelo todo aquí!

¿Riesgo… financiero?

El riesgo financiero es la probabilidad de que se dé un evento adverso y se produzcan sus consecuencias. En general, cuando hablamos de riesgo financiero nos referimos a las consecuencias negativas financieras negativas que pueden surgir.

Cuando hablamos de riesgo financiero nos referimos a un término amplio. De hecho, se utiliza también para referirnos al riesgo asociado a cualquier forma de financiación.

Otra forma de entender el riesgo financiero es la de percibir menores beneficios de los esperados anteriormente, o incluso de que no existan beneficios en absoluto.

¿Hay varios tipos de riesgos financieros?

Efectivamente, hay varios tipos de riesgos financieros en dependencia de a qué nos estemos refiriendo.

Los principales riesgos financieros que podemos encontrar son:

  • Riesgo de mercado. Se trata de un riesgo que hace referencia a la probabilidad de que el valor de una cartera. Es decir, la probabilidad de que un conjunto de inversiones se reduzca debido a los movimientos desfavorables en el valor de los factores de riesgos de mercado. Estos factores suelen ser tres principalmente:
    • Riesgo de tipos de interés. Es el riesgo asociado a los movimientos en contra de los tipos de interés.
    • Riesgo cambiario. Es el riesgo asociado a las variaciones en el tipo de cambio en el mercado de divisas. Se trata de un riesgo dependiente de tres factores: la posición, la volatilidad de la moneda y el período temporal.
    • Riesgo de mercado. Este riesgo hace referencia al cambio en el valor de los instrumentos financieros. Los instrumentos financieros son las acciones, los bonos, los derivados… en resumen, aquéllos activos relacionados directamente con el sector financiero en los que una persona física o jurídica puede invertir.
  • Riesgo de crédito. Se trata de un tipo de riesgo que deriva de la posibilidad de que una de las partes de un contrato financiero no realice los pagos de acuerdo a lo estipulado en el contrato. Debido a no cumplir con las obligaciones, como no pagar o que el deudor se retrase en los pagos, las pérdidas que se pueden sufrir engloban pérdida de principales (es el nombre que se da a la parte proporcional del pago del crédito que se realiza con la frecuencia pactada), pérdida de intereses, disminución del flujo de caja o derivado del aumento de los gastos de recaudación.
  • Riesgo de liquidez. Asociado a que, aun disponiendo de los activos y la voluntad de comerciar con ellos, no se pueda efectuar la compraventa de los mismos, o no se pueda realizar lo suficientemente rápido y al precio adecuado
  • Riesgo operacional. Es la posibilidad de ocurrencia de pérdidas financieras originadas por fallos o insuficiencias de procesos, personas, sistemas internos, tecnología, y en la presencia de eventos externos imprevistos. También hay que tener en cuenta que la falta de personal, o el propio personal, que no cuente con las competencias necesarias para afrontar las exigencias de la empresa se considerará un factor de riesgo operacional.

¿Qué podemos hacer para reducir el riesgo financiero?

Si has llegado hasta aquí es normal que te hagas esta pregunta. Es imposible eliminar por completo la existencia del riesgo financiero, pero sí que es posible disminuirlo.

Algunos métodos para reducir el riesgo financiero son los siguientes:

  • Informarse sobre cada inversión. Se trata de un método preventivo bastante eficaz, y es que cuanto mayor sea la información que poseas sobre las operaciones que vas a realizar, menor será el riesgo al que te verás expuesto.
  • Diversifica tus inversiones. Este método es realmente eficaz y necesario cuando se realiza una inversión. El objetivo de la diversificación es construir una cartera de inversiones sólida que diluya el factor riesgo por la presencia de múltiples activos.
  • Establecer coberturas, es decir, operaciones que consten de divisas distintas donde una variación en la cotización pueda tener un coste financiero alto.
  • Tener en cuenta el hedging. Se trata de una operación parecida a la diversificación que consiste en la combinación de diferentes activos con el objetivo de que las variaciones de unos contrarresten las del resto.

Esto es todo lo que tienes que saber por ahora de cómo gestionar el riesgo financiero. Si quieres ampliar tus conocimientos no dudes en estudiar un máster en Finanzas Cuantitativas. Te convertirás en el profesional que tu empresa necesita para minimizar riesgo y poder tomar las medidas económicas pertinentes sin miedo al futuro. ¡Anímate!

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